Cables libres de halógenos: características, tipos y usos

Desde 2003, los cables libres de halógenos son obligatorios en los edificios de nueva construcción. Entre sus ventajas, destacan la resistencia al fuego y una excelente capacidad para no propagar el incendio. Sus aplicaciones están previstas en el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión (REBT), que los denomina cables AS o de Alta Seguridad.

Las principales características de estos cables son:

  • No propagan el incendio.
  • La emisión de gases tóxicos y halógenos es reducida.
  • Emanan humos no opacos.
  • Emiten gases menos tóxicos.

Al no contribuir a propagar el fuego, estos cables amplían el tiempo disponible para evacuar un edificio. Además, reducen los riesgos por inhalación de gases, limitan el efecto corrosivo del humo en los equipos y circuitos electrónicos o informáticos y facilitan una visibilidad suficiente para lograr el acceso a los focos de incendio por parte de los bomberos.

Los cables de alta seguridad se dividen en dos modalidades: cables no propagadores del incendio y cables resistentes al fuego. Los primeros, cables AS, son aquellos que no propagan las llamas a lo largo de la instalación. Los segundos, AS+, además de no propagar el incendio, mantienen el servicio durante y después de un fuego prolongado, aunque se destruyan los materiales orgánicos del cable en la zona afectada.

Esta diferencia determina sus aplicaciones, de manera que los cables AS se emplean en líneas generales de alimentación que enlazan la caja general de protección con la central de contadores, derivaciones individuales que suministran energía eléctrica a una instalación, conexiones interiores de las centrales de contadores e instalaciones en locales de pública concurrencia, como locales de espectáculos, actividades recreativas, reunión o trabajo.

Respecto a los cables AS+, se reservan para aquellos servicios que son esenciales en caso de incendio, como instalaciones de circuitos de seguridad, circuitos de ventilación de aparcamientos y garajes o sistemas de extracción de humos de cocinas. La protección de estos cables debe ser proporcional a la estructura del edificio en el que se instalan para garantizar la corriente eléctrica durante un tiempo suficiente. Así, de acuerdo a la norma UNE 211025, que regula las características constructivas de estos cables, han de mantener la continuidad de la señal o en el suministro de energía eléctrica, como mínimo, durante 90 minutos.

Fuente: consumer


Ascó vuelve a parar por avería

  • Autor: Alberto Martinez
  • Archivado en: Nuclear
  • Fecha: 24 Sep ,2008

La central nuclear de Ascó I sufrió ayer una nueva parada, esta vez por una fuga de aceite, según ha confirmado el Consejo de Seguridad Nuclear. La parada se produjo ayer a las 13:00.

El portavoz de la central, Eugeni Vives, ha informado a través de la emisora Catalunya Informació que, siguiendo el procedimiento oficial, se ha decidido realizar una parada programada a la espera de poder reparar la avería, que afecta a una de las válvulas de vapor de las turbinas.

El CSN, además, ha querido tranquilizar a la opinión pública, asegurando que “el suceso no ha supuesto riesgo para los trabajadores, la poblaicón o el medio ambiente”, clasificando el incidente de nivel 0, el más bajo en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES).

Fuente: elmundo


Mejoras en las neveras

Los refrigeradores modernos son muy perjudiciales para el medio ambiente ya que funcionan mediante la compresión y expansión de gases llamados freones, que contribuyen poderosamente al llamado efecto invernadero.

Conforme aumenta el nivel de vida en muchos países en desarrollo se venden cada vez más frigoríficos, con lo que aumenta la llegada a la atmósfera de esos gases, más nocivos aún que el dióxido de carbono.

En un intento de remediar esa situación, Malcolm McCulloch, un ingeniero eléctrico de Oxford que se dedica a las tecnologías verdes dirige un proyecto de tres años para el desarrollo de mecanismos que pueden utilizarse sin electricidad.

El equipo que dirige ha fabricado el prototipo de un refrigerador patentado en 1930 por el premio Nobel Albert Einstein y su colega, el físico atómico húngaro Leo Szilard. El diseño, que utilizaba sólo gases a presión para congelar los alimentos, se aplicó parcialmente en los primeros frigoríficos domésticos, pero la tecnología se abandonó al ganar popularidad otros compresores más eficaces a mediados del siglo pasado.

El modelo inventado por Einstein y Szilard no requiere los freones y usa en cambio amoniaco, butano y agua y aprovecha el hecho de que los líquidos hierven a temperaturas inferiores cuando la presión del aire es menor.

En un lado está el evaporador, un recipiente que contiene butano. “Si se introduce allí vapor, baja la temperatura a la que hierve el agua y, al hacerlo, roba energía del entorno, lo que produce el efecto de refrigeración”.

McCulloch cree que el diseño original de Einstein y Szilard no era muy eficiente, pero si se mejora el diseño y se utilizan otros gases, será posible multiplicar por cuatro su eficiencia.

El experto británico quiere llevar la idea más lejos aún: la única energía que necesita el refrigerador es para calentar una bomba y McCulloch ha estado trabajando en la posibilidad de utilizar para ello energía solar.

El científico de Oxford no es, sin embargo, el único que trabaja actualmente en el desarrollo de frigoríficos ecológicos.

Los ingenieros de una pequeña compañía de Cambridge llamada “Camfridge” han comenzado a utilizar campos magnéticos para refrigerar.

“Nuestro refrigerador funciona de modo similar (a los que funcionan con compresores de gas), sólo que en lugar de utilizar un gas, empleamos un campo magnético y una aleación de metal especial“, declaró al periódico el director general de esa empresa, Neil Wilson.

Según Wilson, “cuando el campo magnético se aproxima a la aleación, es como cuando se comprime el gas y cuando el campo magnético se aparta, equivale a su expansión. Es un efecto similar al de las cintas de goma: cuando uno las estira, se calientan, pero cuando se contraen, se enfrían”.

Fuente: informador


Investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison han desarrollado un proceso químico simple por el cual se convierten plantas de azúcar en combustible en tan solo dos pasos y sin usar la fermentación de microbios. Los componentes creados durante el proceso pueden usarse también para crear plásticos.

La novedad de este proceso es que los investigadores de la Universidad de Wisconsin, con el profesor James Dumesic a la cabeza, han echado mano de una reacción química en lugar de la fermentación de microbios. Utilizan la catálisis y altas temperaturas para convertir glucosa en biocombustibles. La catálisis consiste en acelerar una reacción química usando un catalizador.

El proceso es cientos de veces más rápido que el basado en los microbios por las altas temperaturas que se usan en el mismo. Se trata de un proceso similar al utilizado en las refinerías de petróleo.

Varias compañías están elaborando ya biocombustibles utilizando microbios (por ejemplo, se han usado algas para generar un sucedáneo de petróleo). Los microorganismos, en ausencia de oxígeno, producen metano, hidrógeno o directamente electricidad. También hay algas o bacterias que capturan la luz del sol y la transforman en energía produciendo biomasa.

Fuente: 20minutos